jueves, 22 de noviembre de 2012
El Palacio de la Luna, de Paul Auster
jueves, 19 de julio de 2012
Un beso así
Finalmente, el día en que mi ex de siete años me citó para decirme que se casaba con el tipo por el que me había dejado llegó. Era jueves por la tarde en un café de la Colonia Roma, no era que yo intuyera que específicamente esa tarde me lo iba a decir, era sólo que el cosmos me había dado un par de indicios, y ella llevaba ya casi dos años con el nuevo tipo. Yo ya había asumido que cualquier día iba a ocurrir, y ese día ocurrió.
Así que respiré profundo. Éramos amigos y me comporté como un amigo, le dije que me daba gusto, que les deseaba lo mejor, que la quería mucho, etc. Creo que casi lo logré, tanto interna como externamente yo mismo me lo creí casi todo el tiempo, y hubiera sido completamente verdadero de no ser por un extraño desamparo que de pronto me invadía y se iba, y que no sé explicar.
Nos fuimos del café y caminamos un rato por Álvaro Obregón antes de volver a su automóvil. Nos despedimos, nos abrazamos y cerré los ojos porque mi cuerpo quería guardar esa sensación en un registro a oscuras, tan cerca del suyo como fuera posible. Mientras nos separábamos, en un instante que me tomó por sorpresa, nos besamos. Sentí en sus labios (o en los míos) todos los besos que nos habíamos dado y fue como si nunca nos hubiéramos dejado de besar, sentí un montón de cosas para las que no tengo nombres porque nunca las había sentido, y para cuando el beso terminó mi corazón batía con tanta fuerza que tuve que llevarme un instante la mano al pecho.
Abrí los ojos, ella los abría también, me miraba con un gesto de vago asombro mientras yo hacía un esfuerzo para reconquistar el control de mi rostro, que se había atorado en la posición de beso. Me pasó la mano por la mejilla, abrió la puerta del automóvil y subió al asiento del piloto. Tomé la puerta antes de que la cerrara y como no supe qué más decirle, le pregunté:
- ¿De verdad puedes irte después de un beso así?
Ella lo pensó un segundo y luego contestó:
- Noé, un beso así era el único que nos podíamos dar en un momento así.
Encendió el motor, me miró, sonrió y yo casi sonreí también. Cerré la puerta y me hice a un lado, el auto se alejó sobre Insurgentes con rumbo al sur, bajo la triste luz crepuscular monté la bicicleta y traté de volver a mi vida a toda velocidad, pedaleando como si mi alma dependiera de ello. Quizás sí dependía un poco de ello.
martes, 17 de julio de 2012
Factores de Opresión. El Género 1.1
lunes, 4 de junio de 2012
un día de la vida sin vida
martes, 29 de noviembre de 2011
Si Calderón fuera Pinochet...

En agosto de este año una noticia chilena le dio la vuelta al mundo: el gobierno del país reconocía 40,000 víctimas de la dictadura de Augusto Pinochet entre los años de 1973 y 1990. La cifra comprende la suma de los casos de detenidos, desaparecidos y ejecutados durante el régimen del dictador, no contempla a los exiliados ni a las familias de las víctimas, y es muy posible que, en cualquier caso, se trate de una cifra minimizada.
Hoy los medios de México (algunos) presentan la noticia de la muerte de Nepomuceno Moreno, otra víctima de la "guerra contra el crimen organizado", emprendida por el presidente Calderón. Caso ejemplar por varias circunstancias: se trataba de un civil no enrolado ni en las listas del ejército nacional, ni en las de los grupos armados insurgentes. En cambio, Nepomuceno fue primero un acuacultor, luego un padre en busca de su hijo secuestrado por la policía, y finalmente un activista por los derechos humanos al lado Javier Sicilia. Moreno fue abatido ayer probablemente por los mismos que perpetraron la desaparición (y la muerte presumible) de su hijo. Su historia se suma así al archivo creciente de historias ejemplares, cada vez más cotidianas y normales, criminalizadas por la autoridad, rápidamente olvidadas por los medios, cada vez más acalladas, pero más insoslayables, y cada vez más trágicas.
La cifra de víctimas mortales de la guerra en México (las víctimas de Calderón) es hoy de más de 50,000, en exactamente cinco años. Esta cifra no considera desaparecidos, ni detenidos, tampoco a los familiares de las víctimas, y seguramente también es una cifra minimizada.
http://www.jornada.unam.mx/2011/11/29/politica/014n1pol
http://www.animalpolitico.com/2011/11/calderon-le-prometio-apoyo-hoy-nepomuceno-esta-muerto/
viernes, 13 de mayo de 2011
El jazz es así

El jazz es uno de varios caminos que pueden trazarse entre el alma y el sonido, amplio y hondo, y estricto, pero libre. El arte es la generalidad de estos caminos, un orden de transformación de “lo otro” para ajustarlo al proceso de abstracción que ocurre en el interior del ejecutante: el artista. Ese punto en el cuerpo donde surge el arte y esa síntesis química que se convierte en creación nos son inaprensibles. El proceso completo es en realidad inexplicable. Que una pulsión se convierta en movimiento resulta lógico, que el hambre devenga en cacería o en agricultura resulta más bien comprensible. ¿De dónde viene sin embargo la necesidad de convertir la planta en pigmento, y el pigmento en trazo, y el trazo en forma, y la forma en símbolo? Hay algo que nos arrastra a transformar por transformar, para manifestar lo que de otro modo es incomunicable, a involucrarnos con el mundo para que un trozo de esa inmaterialidad que nos habita consiga trascendernos, para que permanezca, para que habite en alguien más. El arte es también sistema, las transformaciones construyen coherencias, y se convierten en lenguajes, es decir en traducción de la interioridad, en algo reconocible, que viaja entre sujetos y se vuelve a conocer, y puebla distintas almas. El arte es una forma más cabal de comunicar, una forma de ser fuera del ser, una expansión, objetual o no, finalmente inobservable, pero a veces, cuando hay suerte, inexplicablemente sensible.
El origen histórico del jazz es una de las piezas clásicas en el anecdotario de los géneros musicales. Prefiero evadir ese aspecto y ensayar otra forma de explicar el jazz, a propósito de un aspecto más antropológico de la música en general. Quisiera hablar de los lenguajes.
Pensar en lenguaje remite inevitablemente a la idea de lengua, de idioma y de cultura lingüística en general. Ello se debe a que la mayor parte de las tradiciones que estudian lo estudian parten precisamente de considerar este tipo de estructuras, u otras que en algún sentido se derivan o se asocian con estas. El factor histórico-social de la modernidad significó el inicio de un modelo de organización que durante cuatro siglos ha reproducido sociedades a partir de hábitos perceptivos e interpretativos predominantemente visuales, lógicos, racionales y lingüísticos. En este contexto la música presupone un paradigma distinto.
Es más difícil distinguir la esencia medular de los lenguajes musicales. ¿Qué significa un acorde de sol mayor?, ¿Qué significa un silencio de tres tiempos justo antes de una explosión de sonidos congruentes?, ¿Qué cambia en el discurso de un acorde en primera, o segunda, o tercera inversión? La respuesta no puede producirse en el universo de los significados trazados por la lengua... por eso inventamos la música. Hablar de los acordes no es escucharlos, el nombre no remite al sonido, y sólo el sonido remite a su propio significado; los significados, por otra parte, son pedazos del signo de Saussure, y Saussure era lingüista, no músico. Hay, en cambio, una equivalencia entre el sonido y el estado de la interioridad del músico y es en esa dirección que debemos buscar el orden interpretativo, la música es una expresión de ciertas regiones de nuestra humanidad que perciben e interpretan desde el sonido aquello que las acciones racionales y lingüísticas no pueden interpretar, las ondas que los tejidos ópticos no captan, las palabras que no están en los idiomas. La música es un idioma para las otras cosas que el alma tiene que decir.
Y luego está el jazz.
El jazz está hecho de la música que no cabe en los otros géneros. Hay música que depende de una fórmula, que funciona por reiteración o por lectura. El jazz es de una especie distinta, los temas, los standards y las piezas son un pretexto para la exploración de estructuras más abstractas, de rítmicas complejas, la armonía está construida para dar cabida al caos de un solo o de muchos solos simultáneos, el tiempo está planeado para ocultarse, para prescindir de él sin perderlo, el tiempo en el jazz es un misterio difícil de explicar, permanece siempre, pero casi siempre oculto, como un esqueleto, invisible bajo capas y capas de tejidos sonoros; la lógica, cuando existe, está disfrazada de locura, está tan plagada de aristas y recovecos que no se parece mucho a la lógica ordenada del resto de la música. El jazz en una música para construirse en el acto, sus reglas están diseñadas para anularse, no son un lenguaje sino una herramienta para construir lenguajes.
Como una oda al caos que edifica por sí misma nuevos versos nunca pronunciados antes cada vez que se enuncia, como instinto, como poder bucear en los abismos más profundos sin tanque de aire, como correr sin dirección. El lenguaje del jazz es complejo porque el caos es complejo, y porque el jazz implica un intento por existir en medio de lo caótico, por sumergirse en la complejidad interior, en ese lugar cualquiera de donde surge la explosión creadora, en esa otredad que nos habita. Para el espectador se trata de una experiencia parecida, hay un mensaje que se transmite en un lenguaje que no se habla con palabras y que se caracteriza por prescindir de otro sentido que el de continuar fluyendo. Pero el mensaje llega, la negociación de la mente con el estímulo insólito, del yo verbal con el yo más fractal de lo no lingüístico, producen al final una sensación de inercia y de saciedad, de libertad casi genuina y de asombro en el mejor de los casos. Porque el jazz es así, como el mar, como el infatigable andar de las montañas, cuando es bueno, es toda una fuerza natural.
viernes, 11 de marzo de 2011
El disfraz
martes, 10 de agosto de 2010
Diálogo I
Diálogos I
Tres tonos de llamada, luego alguien descuelga el auricular, luego hay un silencio perturbador.
- ¿Sí? ¿Buenas noches?
- Buenas noches
- Disculpe usted, ¿a dónde llamo?
Silencio nuevamente.
- Este es el 066, servicio de emergencias del estado. ¿No sabe usted que marcó el 066?
Silencio breve.
- Pues sí, por supuesto que lo sé, ¿no debería usted contestar algo como “Servicio de Emergencias del Estado, ¿cuál es su emergencia?”?
- ¿No me escuchó decirlo?
- No.
- Carajo. Esta chunche ya no funciona otra vez. Usted disculpe, ¿cuál es su emergencia?
- Creo que me picó un alacrán.
- ¿No está seguro?
- Bueno, sí: me picó un alacrán.
Silencio, suspiro.
- ¿Podría indicarme lo que ocurrió?.
- Me levanté por un bocadillo pero no quise encender la luz.
- ¿No llevaba chanclas?
- No, no acostumbro usarlas.
- Ya veo. Continúe.
- Pues eso es básicamente todo, no encendí la luz, no vi el alacrán, supongo que lo pisé, sentí un pinchazo, encendí la luz, le di alcance y lo desbaraté con el primer objeto que me quedó a la mano, que por cierto fue una Biblia. Resulta que yo soy ateo, pero hoy me protegí del mal con una Biblia. ¿No le pasan a usted cosas así? A veces la vida puede ser muy discursiva.
- Yo soy católico, y no sé que quiere decir “discursivo”.
- Eso cree usted.
Silencio.
- ¿Mató al alacrán?
- Efectivamente.
- ¿Puede decirme el tamaño aproximado del artrópodo?
Silencio breve.
- No sé. No soy muy bueno para calcular…
- ¿Del tamaño de una mano?
- ¿De la palma, o de la mano con todo y dedos?
Suspiro.
- ¿De qué tamaño era el suyo?
- Un poco más pequeño que una palma.
- Entiendo. No suena demasiado peligroso.
- No, tal vez no.
- Dígame, ¿presenta usted algún malestar?
Silencio
- Es posible, me parece que el pie se me está hinchando.
- ¿Le duele?
- No mucho.
- ¿Le dolía cuando llamó?
- Cuando llamé me pareció que el dolor estaba por empeorar.
- Y luego no lo hizo.
- No, ¿no le parece una maravilla?
Silencio.
- Entonces supongo que esto no es una emergencia.
- Yo no lo descartaría aún, es decir, no han pasado cinco minutos desde el ataque.
Silencio.
- ¿Le gustaría que transfiriera la llamada a servicios médicos?
- ¿Esta no es la unidad de servicios médicos?
- No, esta es la recepción.
Silencio.
- Tal vez no sea necesario. Si pudiera usted esperar en la línea durante algunos minutos más, sólo para estar seguros.
- Eso sería… poco ortodoxo.
- A mí no me lo parece, usted está cerciorándose de que la emergencia ha concluido, suena como una maniobra rutinaria
- Si usted lo dice.
- Y es mejor que eso que vivir con un cargo en la conciencia, ¿no le parece?
Silencio.
- ¿La presencia de alacranes es recurrente en su domicilio?
- No, o yo no me he percatado. ¿Por qué lo pregunta?
- Si lo desea podríamos solicitar un Servicio de Control de Plagas.
- ¿Sería posible solicitar un Servicio de Verificación de Existencia de Plagas?
- No, dudo que la corporación lo ofrezca.
- Francamente no creo que se trate de una plaga, pero tampoco quisiera desestimar ningún riesgo…
- Use chanclas los siguientes dos días, si no vuelve a haber incidentes entonces no era una plaga.
- No lo sé. Ya le he dicho que no suelo usarlas, ni siquiera poseo un par.
Silencio.
- ¿Quiere el servicio de exterminio o no?
- No hay por qué ser hoscos. Y no, creo que no sería prudente abusar así del estado, es demasiado arbitrario, es demasiado…
- Muy bien, no hay exterminio.
- Pero es bueno saber que el servicio existe…
- ¿Se siente usted mejor?
Silencio.
- ¿Puedo llamar más tarde en caso de encontrar más alacranes?
Silencio breve, suspiro.
- Sí, supongo que sí.
- Pero lo más probable es que ya no me atenderá usted, ¿verdad?
- Efectivamente. En la recepción hay veinticinco operadores.
- Ojalá todos sean tan capaces como usted.
Silencio breve.
- Se lo agradezco. ¿Se siente mejor?
- Mucho.
- ¿Cómo va la hinchazón?
- No parece agravarse.
- Perfecto, ¿puedo servirle en algo más?
Silencio.
- ¿Le gusta a usted su trabajo?
- ¿Qué clase de pregunta es esa?
- Sólo es curiosidad.
- A veces. A veces me gusta y a veces no.
- Ya veo.
- ¿Qué es lo que ve?
- Quiero decir, que puedo imaginarlo.
Silencio.
- ¿Puedo servirle en algo más?
- Lamentablemente no, ha sido usted muy amable. ¿Muchas llamadas en espera?
- No.
- Entonces la noche va tranquila.
- Podría decirse.
- Qué gusto.
- Voy a colgar.
- Espere…
- Diga.
- ¿Le agradecí ya?
- No.
- Muchas gracias.
- De nada.
- Buenas noches.
Silencio. Sonido de auricular que cae sobre el teléfono, sonido de estática. Fin.
domingo, 25 de julio de 2010
Textito: No es pero es
No es pero es
Es complicado y es oscilante, es simultáneo, es el mundo pero es sólo una consecuencia del mundo, es la realidad pero sólo es lo que yo hago de la realidad. Es la vida, es el recorrido de la vida, es esto que recuerdo y digo, esto que invento, que se me sale de los dedos y no es nada, apenas un sonido constante, repiqueteo plástico, sonido que no trasciende la frontera de los pocos metros, que tan pronto suena calla, y cuando dudo se extingue, y a veces huye de mí, no es de palabras pero lo es, no lo comprendo mientras sucede sino después, cuando se convierte en luz y pequeñas ausencias de luz, mis letras, mis verbos y mis sustantivos, mi presencia en el u-topos del papel virtual, mi presencia en el no lugar. De cosas así casi no puede decirse nada, o puede decirse todo, puede que alguien inteligente incluso llegue a una que otra conclusión, luego quizá sea capaz de enunciarla, y quizá se tome el tiempo de hacerla luces negras y blancas, de hacerla dibujo de tinta, de hacerla voz y diálogo, signo, o símbolo, o metáfora, de hacerla algo más allá de la forma, y de así finalmente devolverla a la nada. La batalla contra la eternidad es irrevocablemente humana, la eternidad triunfará, la batalla es por honor, y sin embargo abundan casi furiosos los desafíos, después de todo hay poesía, hay una sensación que a veces nos invade y nos arrastra a crear para crearnos, para saciarnos, casi con vocación de fracaso arrojamos una botella al mar con un trozo de papel adentro y dos oraciones fundamentales: Yo soy, y el mundo es; a veces no puede evitarse, se susurra una palabra en medio de la oscuridad, y se anhela una respuesta, y se espera. Es complicado y es oscilante, no es pero es, ecce homo, he aquí la palabra en el no-papel. Y después, por supuesto: tú, que abriste la botella que yo arrojé, y estás ahí, frente a este rastro de mí, y casi estamos juntos, y en medio de tanto sin sentido, tal vez entiendes lo que quiero decir.
jueves, 10 de junio de 2010
martes, 8 de junio de 2010
Versuchos: Preguntas esenciales
Me pregunto si cabe el refugio de la esperanza.
Me pregunto desde qué rincón en los abismos murmuran sus silencios las dudas,
y de dónde viene el miedo, y de dónde los suspiros.
¿Con qué vestigios se construyen las ideas?
¿en qué espacios?, ¿con qué sustancia?
Me vienen preguntas sobre fronteras,
sobre cúspides y hondonadas, plagadas de imaginaciones bellas,
preguntas efervescentes sobre el cosmos,
como espasmos,
como espejos que se interrogan entre sí,
preguntas-sensaciones, en silencio, sin respuestas,
me vienen preguntas sobre el tiempo
sobre el indefinible ayer
sobre la noche que se desvanece
sobre el presente y los uróboros que nunca (del todo) se devoran.
Me pregunto a dónde lleva el camino,
a dónde llevan la huída y el regreso,
la vida, la experiencia-vida, el recuerdo,
Me pregunto si volvería de donde estuviera,
si un día lograra escapar.
